Frasario

"Y todo comienzo esconde un hechizo"

José Knecht

28 feb. 2011

Sin tálamo. Plaga de anacolutos.


Te busco entre sombras hechas de un humo frío que ciega y asfixia. Al Sol, astro rey le cuesta atravesar las partículas que impiden a mi piel disfrutar de una caricia ajena, tan cálida como la amiga. Imagino que llevo así una eternidad tan sempiterna que me creo una estatua de sal que mira atrás constantemente; un tobillo, un talón que desaparece sin dejar nada, tan solo el tiempo quieto; una aguja de reloj esperando un segundo que se atreva a dotarlo de significado humano. Tic, Tac. Miro el reloj que se sustenta en el vacío del pasillo mientras me pregunto qué hace un reloj ahí. Tic, tac. Pienso en el toc, toc que anuncia mi llegada. <<¿Hola qué tal?>> No, llevo en esta niebla durante demasiado. Paro el principio de parkinson a tiempo y pienso. Respiro, atento. Agudizo mis sentidos, y me acuerdo de Leónidas. Quién tuviera esa barba. Esbozo una sonrisa. <<Barba...>> mascullo.  En ese momento justo del tac cierro los ojos justo antes de pegar en la puerta. Toc, Toc.


<<¿Sí?- preguntas, claro, no vas a preguntar ¿no?, ¿no?, y pienso entonces ¿sí?, vale. Bien hecho al cerrar los ojos, mentalizarse. Estar harto, hasta cierto sitio, hasta los [introduzca aquí gónadas masculinas] del humo que nos deja en la estacada infame; en la vaporosa realidad en la que son más ciertas las tenues líneas de una figura difusa que la propia realidad, como en esos malditos sueños, en los que al final nunca recuerdas aquello que te hizo sonreír. Y querrías vivir un sueño un día.

Entonces entro, y tú me miras. Yo no digo nada y te miro, y te miro, y te sigo mirando, serio como jamás me viste. No hay palabras porque no las necesito y jamás me faltan; si acaso sobran siempre. Paso y suelto el puñetero abrigo que me mata, porque hace frío, pero tengo muchísimo calor. Eres una Venus con manos inútiles, un busto con rostro de cerámica. Quieta, delicada, una estatua con cara seria. Yo no digo nada, y tu te extrañas. <<¿Qué?>> me dices porque ahora estoy más cerca, cercándote. He invadido un espacio personal sagrado que escupe al que toca como a un cohete destinado al ostracismo, mira, mira como lo atravieso, pienso. Y tu me miras más de cerca con las cejas fruncidas. <<¿Pero qué...>>  lógico que me repliques; tú no sabes qué pienso, acaso puedo asegurar que nunca, pero ahora estás segura; yo sé lo que ahora piensas, quizá: locura. Me acerco a tientas, temiendo aceptas reticente a medias. Hinco las rodillas y solo entonces toco tus medias. Hundo la cabeza en mis hombros y miro al espacio infinito entre tus piernas hacia el suelo sintiendo el miedo en las palmas de las manos. Latiendo con tan salvaje fuerza que me contagia y encabrita el pecho y me araña las entrañas. <<Por favor>> Susurro de rodillas sin mirarte a los ojos  <<Calla y déjame y no hagas nada, estoy arrodillado>> Y entonces te miro y tu expresión es negativa, es casi odio; sorpresa ante todo. <<Ni hablar, levanta>> me inquieres. Qué va, no sabes que esta vez no hay marcha atrás, que es una decisión, no una palabra, una promesa, un juramento, darse la mano, o un abrazo. Me niego <<Por favor, por favor, por favor...>> susurro infinitamente mientras te acaricio desde las rodillas y te beso la derecha protegida por la rejilla del pudor y la vergüenza, el tejido que cubre el deseo que anima el fuego de mis manos, que laten al compás vertiginoso de tu pecho contra el mio. Extremidades encontradas que se subyugan al placer de los sentidos. Curar el alma a través de ellos. Hoy no hablaré de almas y te beso el interior de la rodilla, acaricio tu pantorrilla, gemela de la otra, susurro por favor hasta el infinito y tu muslo derecho con mi siniestra. <<No, no, qué haces. Ni hablar>> <<Por favor, por favor, por favor...>> <<No, no, y no, nunca qué no>> Quieres levantarte y no puedes, dos son las razones: Te detengo con mis brazos que guiados por las manos ahora están a media altura entre la rodilla y la cadera empujando hacia abajo y deleitándose en el calor que desprendes. Con los ojos cerrados te miro y siento cada transmisión de temperatura de tu cuerpo hacia el mio y la degusto con el placer de la ambrosía siendo humano.  <<He compartido el secreto de los dioses con mi humanidad y merezco el castigo eterno, pero hoy no busco la redención, solo una condena>> pienso mientras te siento, y te sientas. La otra razón: no quieres por alguna extraña razón. Razón. Tienes un martilleo fuerte en la mente: la Razón, entendida en la ilustración: libertad. Porque eres libre y me desdeñas y yo soy libre y te lo impido, y ambos, colmados de razón , vivimos presos en nuestra libertad, fingida o no, infinita. <<El deseo es libre>> y pienso en que es de lo poco cierto que me digo siendo racional. <<¿Pero qué haces hombre? ¿qué haces?>>.

-Cierra los ojos. Te digo.

Separo dos columnas de mármol griego cubiertas por una red pudorosa de vergüenza ajena que no descubre los misterios de Atenea. Baco llora en un rincón de envidia muerto ante el enigma de la situación. Te beso el interior de la rodilla y la electricidad de mis labios pasa a ser la curvatura de tu espalda, acabas de dar un significante a mi significado. Mi mano, exploradora de la aventura de una boca que trabaja en el calor de tu pierna otea la barrera de tu falda. Me encanta que la lleves. Me encanta y el corazón me estalla cada vez que repites <<No, no>> con pena mientras me acaricias el cuello. <<No lo hagas>> entre sollozos me pides. Y mi sien late desaforada mientras son las manos protervas que llegan a subirte lentamente la falda mientras te beso el interior del muslo derecho: caliente. Alzas el cuerpo un poco y Dios salve a la reina, son medias hasta casi arriba, silicona en vez de ligueros: Amo los ligueros. Manos: acariciando lo alzado. Labios: subiendo por las piernas. Cuerpo: entre las columnas que tiemblan separándose en un baile: sabiduría y deseo: cómplices: vergonzosas: belllísimas. Límite entre el pudor y la vergüenza: Aquél escaso lugar entre las medias y la lencería, henchido en piel ardiente. Acaricio con mis manos el interior de un muslo cubierto hasta que llego a ese retiro de la verdad de la carne. Allí se paran los dedos y me arden las yemas; cambio a mis labios y la llama los quema. Ahora el suspiro y el arco de tu espalda son rítmicas con mi beso  cada vez más  húmedo, y le dan significado, con sus bajos y altos al compás del <<no, no, no...>> que cada vez encabrita más mi alma y mis entrañas.  Ya no huelo el miedo aunque sea un animal, es el deseo y tu sexo lo que late en mi pecho que cae al suelo deshecho tras dar un latido de más que atravesaría el techo. Rodeo tu cuerpo: te agarro de atrás: todavía sentada: te arrastro hacia mi: mis rodillas clavadas: suspiras : te beso: el muslo: la pierna: entera. Te busco en el límite del encaje. Monto tus piernas en mis hombros. No te caes, abres más y estás al borde del abismo y yo a las puertas del mismo. Miras al cielo, techo cielo, oscuro cielo; y te bajo el velo, que cubre tu desconsuelo, despojo del pudor al deseo; te descubro el ovillo de Teseo, y llevo a tus tobillos el recato que cae en olvido. Te acaricio el vientre, te beso cerca, el encaje se acerca. Te beso tan cerca, y mis manos acechan. Saboreo tu piel tan caliente y te estremeces y <<No puede ser, no>> pero me acaricias la cabeza. <<No puede ser>> y mis dedos se escurren tras  la tímida barrera, te beso mientras te acaricio, la débil tela. Siento la vida en la punta de las yemas, quiero mi lengua en tus entrañas. Tiro, salvaje con mis dedos hacia un lado y te descubro: me hundo : gimes: alzas el cuello y miras arriba que nadie te espera: sigo : el calor de unas manos de pecado te acarician, vientre y más: me estalla un botón. <<Dos manos>>, pienso, <<gracias, Dios>>. Mi lengua son círculos húmedos de sexo candente y...

Abro los ojos. Sonrío, seguidamente sacudo la cabeza y me miro a un espejo que también hay cerca. Juraría que ni el reloj ni el espejo estaban tan cerca. Nunca debieron estar allí, me despiertan. Dejo de pensar, mentalizarme, y abro la puerta. Hola isla tortuga. <<Entra>>.



27 feb. 2011

27 de Febrero

Señores, yo sé bien de los venenos...

Señores, yo sé bien de los venenos
de la literatura:
la tiranía impúdica y terrible
de una Belleza impura
que nos mancha los labios de palabra,
los ojos de figura
y el cerebro de sueños o pecados,
en flagrante, diabólica impostura.
No la deseo a nadie, y nadie
debe desearla nunca,
pero benditos los que se someten
a su mirada oscura.


Carmen Jodra Davó

24 feb. 2011

Modernidad, modernito, moderneces, amodorrados.

Uy uy uy, mira como me molo que me gusto una jartá que me pongo yo solo de lo modernísimo que soy. Escribir un libro? Poner solo una interrogación? Admiración Claro! Cualquiera puede! Madre del amor hermoso.

Hoy ni siquiera es jueves,
Tan solo un lunes más, triste,
que

d
e
s
g
r
a
n
a

Latido a latido
PUMPUM
de un reloj exhausto
Tic, Ta..
E inventado por el hombre,
un mes tuerto,
Cojo y manco, que moribundo
Espera el final fatídico del número cabalístico
por cuatro.
28

Después de esto necesito hacerme un peinado fashion, llevar algo apretado, o de tallas que no me correspondan, o mejor, ancho y apretado al mismo tiempo, yo qué se qué será. Ni voy a poner comas, ni haches. Mi POESÍA, así en may´´´´usculas no me lo permite. Qué más me da. No se poner tildes, pero tildo a cuadros de tomates fritos de magníficos! MAGNÍFICO! Qué uso de los colores. Voy a ir a ARCO a que no me entiendan. Como me quiero. Soy un visionario! Necesitos unas gafas de colores y me pondré medias de fantasía para que se vea entre los rotos de mi alma vacía llena de poco más que poco.

Viva! la onomatoPEYA y la grafía rara y el folio en blanco antes que esto. Qué es la rima? Pues cosas de viejos. Y contar? nada nada nada. Dadá, uf. Qué surreal.
Voy a criticar cualquier cosa, me veo en la potestad de al no haber leído ningún libro poder hacerlo. Por supuestísimo. ClaroooOoO.

Lo más bello de mi aporte está en en fondo del agua del sumidero en el que me sumo para pensar! Sí. Cómo pienso! Qué retraso los que no me entienden!

Listo, Calisto.

Moderneces! Gilipoyeces! Ser moderno está a la moda. Necesito un animal muerto, NO! algo sintético que me adorne a mi, a mi, a mi. Y no a lo que hago.

Voy a vomitar! Un cuadro abstracto! Bien!

Mucho mejor.

Cómo desgraciar a la palabra, instrumento por y para el hombre. Y la mujer, la mujer también. Machista!

20 feb. 2011

Un poema, cualquiera

Un poema.

Un poema místico y azul,
Azul como el mar que amas,
Azul como la llama exangüe;
Roja como el amor que emanas,
Roja como la sangre que corre.

Algún día te dedicaré un poema,
Lleno de risas y flores,
De llantos y penas
No serán tuyas, ni tampoco mías,
No serán penas, ni tampoco risas,
Algún día te escribiré un poema,
Lleno de adioses e interminables esperas.

Un día te escribí un poema
A boli rojo y mala letra,
Más tarde imaginé un cielo
Y en lo mas alto yacía tu pelo.
Tus ojos tristes en los míos se clavaban
Tus labios sonrientes decían nada
Pero yo que te conozco,
que te ame y te amo
Conocía la razón de los ojos
De las lágrimas y reclamos.

Acaso serán los míos los que lloran
Los ojos que anhelan una tarde azul
Un mar rojo y unos labios que sonríen
Una voz, una voluntad que te guíe.
Odio furtivo y fui tu maestro,
De que me quejo si yo te instruí
Talvez, quizá, hayas cambiado el estilo
Lo hayas vuelto tuyo y contra mi.

Desdén que yo tuve contigo,
El que ahora contra mi lanzas.
Dijiste cariño y me convertí en amigo,
Dolor es el precio y odio el respiro.
Cuan ala taciturna, era odiar imposible;
Y en el relente de tu suspiro
Me anclé como intangible.

Risas vanas, sonrisas hipócritas,
Sutilezas mas que sutiles: venganza.
Mejor forma de la no remembranza.
Paradójico ansiar si la busca es de lo contrario
Cómo olvidar si por un suspiro suspiro
Como obviar ser amigo si aún escribo.

Fue un placer, será un honor,
Amigo ser y como amante escribir.
No olvides entonces, palabras escritas
En horas de inspiración inaudita.
Escribiendo mientras cavilas,
La pluma expedita más que la mente,
El corazón antes que esta,
Y entre sílaba, palabra y tono...tú.


17-18

El Universo eclosionó

El Universo eclosionó,
-eso dicen-
Si hubiera sido una crisálida;
Tendría sentido ser
La más alta catarsis de un Demiurgo extraño.
Pero el incipiente deseo creacionista
Nos llevó a esta inmanencia trágica
En el cosmos violáceo.
El espacio nunca fue tan frío
Como cuando nacimos nosotros.

En el espejo

A veces me hecho de menos.

Otras, no sé quién soy;

Y hasta de vez en cuando,

ni me reconozco en el espejo.


No sé ni si quien mira, o el que es mirado,

tiene más de mi, que yo mismo.

El traficante (I)

Soñé que dormías frente a un espejo líquido que se sustentaba en el propio tiempo, espectador entonces de tu respiración trémula, tranquila, del temblor rítmico de tus párpados soñando un mundo perfecto en el que yo nunca tendría cabida. Yo, un traficante. En aquel mundo henchido en veleidades costumbristas sólo había un camino áureo y perfecto, plagado de profundas verdades nunca subyugadas al padre tiempo. Aquel hermoso y recto camino nunca describía sinuosidades y ni la más tímida y tierna hoja de un árbol habría manchado la carrera hacia la meta infinita de tu futuro. Jamás dioses probaron a darte sus deleites y goces, y nunca la malvasía tocó tus labios. Nefelibata y dulce ungiste tu cuerpo con lo terriblemente cierto y bajo ningún concepto escapaste del camino que marcaba una meta real y tangible. Asaz lacónica ningún albur pudo apartarte de llegar a ser lo que aspirabas, pero mi meliflua voz te condenó a dislates: La malvasía cabalgó tu sangre por mi culpa y soñaste con la imaginación en colores caleidoscópicos. Si alguna vez admití mi culpa por tu adicción fue al soñarte lejos; tú entonces me soñabas cerca y dándote tus dosis, cuidándote mientras, angustiada, crecía en ti la distancia entre aquel camino y se acortaba hacia mis manos manchadas. Cuando sólo los estigmas de tus brazos anunciaron el caos sentiste miedo, pero estabas tranquila. Yo seguía allí para proporcionarte el placer del desvío a otros orbes más cálidos, donde ni el hambre, ni la sed o la culpa pudieran alcanzarte.

3 feb. 2011

Animal instinct

- No ha nacido el guepardo para estar enjaulado y mirar con ojos tristes el futuro.
-Ni el caballo para correr sin libertad, coartado por muros de madera.

-¿Cansado de manchas sin naturaleza?
-¿De tu crin sin viento?
-¿De tus patas atrofiadas?
-Solo anhelo el corazón exhausto.
-Tener los músculos rotos.
-Sal.
-Salta.
-Siente.
-No te escondas.
-No huyas.
-No te salves.
-Corre.
- Te echo una carrera.
-¿La meta?
-El horizonte.
-¿Y si aparece el hombre con sus trabas?
-Entonces seremos lobos.
-¿De la estepa?
-Tu saca los dientes si ves a un hombre y no temas.
-Son ellos quienes tienen miedo.

Inexplicables Seguidores

Beren

Beren
goro goro

Datos personales

Mi foto
Antarctica
Me gusta doblar los libros, subrayarlos, pero sobre todo leerlos. Me gusta mi gata, más que muchas personas. Hacer tartas. Dormir cuando pían los pájaros y estar en vigilia cuando otros duermen. Huyo del gentío. Las cosas complicadas.