Frasario

"Y todo comienzo esconde un hechizo"

José Knecht

18 abr. 2011

Hoy tan solo te digo que lo daría todo.

Puedo entender que no me ames, ni me llames, aunque te quiera. Comprendo que me odies -yo lo hago- aunque me entristezca; que me borres de una vida perfecta. Lo que no aguanto es tener la luna ahí arriba y no tener a nadie con quien compartirla -verdaderamente. De lo que deducimos que lo que realmente parece importante, casi no lo es tanto y que los pequeños detalles, son los que perduran. Eso, y que la filosofía barata del fuerte se desmorona ante la hipocresía de un mundo sin creencias; que decir no es hacer, y prometer es sufrir, o que el tabaco mata y a mi me matan las ganas; que la gente que se va debiera importar y las lágrimas están en huelga por desuso; eso, o qué más da. Fíjate si te echo de menos que hasta soy sincero: mi abuela se muere, mi abuelo habla demasiado cuando bebe, no tengo padre, creo que solo amo a mi gata, el alcohol no cura nada, y estoy solo. Con todo eso, compañera, permíteme si no salgo de la cama y tomo unas pastillas para relajarme y dormir, si duermo para no dar vueltas o errar sin rumbo fijo; para soñar y huir del tic tac que nos persigue -a unos más que a otros, y no es consuelo-, si mejor no pienso y os olvido; si entre el café o el libro, elijo el suicidio, o si entre la vergüenza de un corazón abierto y el silencio escojo éste último. No hay trajes que compren la felicidad y yo me acabo de comprar uno para eventos importantes, que no tenía, fíjate tú, obligado. Pero lo que no hay por donde coger es aquello del cielo. Que está preñada, cojones. Que tú no la has visto como yo la miro, cómo te admiro. Aparte de un mundo desencajado, y brillando todavía, loca perdida. Nos engañaron, en tantas cosas; nos enseñaron a engañar. A mi me dijeron que estos serían los más preciosos años. Señores, ¿a qué juegan con la juventud? Vaya reglas del juego para estúpidos han creado. Ya me dirán para qué quieren un coche, un trabajo, ganar dinero y perder el tiempo; yo busco amar, crear, aprender, y ser sincero. Y ahora lo entiendo; el camino difícil, listillos, resulta el fácil, sumergidos en una vorágine hambrienta, partícipes exhaustos aparentemente felices. Eso puede hacerlo hasta el más estúpido. El problema del desencanto es la felicidad que sientes al encontrar a alguien que te comprende, que piensa y siente; vaya suerte de generación la mía, ¿eh?, yo lo daría todo : mis ansias, mis ganas, el deseo, nada, que es lo que tengo para el resto, por no perderte, "y sin embargo". A veces lo pienso y me da pena, lo nuestro parece estar destinado a existir en los sueños, o sobre todo, en el papel. Pero ¿no sufre Hamlet? ¿no muere Julieta? ¿ni ríe Sancho ni está loco Alonso Quijano? Pues resulta que no somos personajes por más que parezcamos conocerlos, o manejemos su bibliografía, o estudiemos mil años las reglas que los rigen. No, y no, entre reír y querer tirarme por la ventana o tirarme en la cama en silencio, entienda usted la decisión. Qué más quisiera yo que todo fuera literatura. Y sin embargo aquí me tienes, "exhausto al borde del camino" y solo acabo de comenzar, pues vaya chiste " se lo toma usted todo muy a pecho". No, oiga, es que resulta que sé darle valor a las cosas y me duelen. Otro, "a ver si no vas a terminar siendo un cínico", pues, como están las cosas, qué me gustaría a mí salir a la calle y que no me costase coserme una sonrisa a los labios. Pero sangran al coser con las agujas de budú.  Y claro, claro que tenemos "memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares", si hasta yo gasto de eso. Pero a ver si la mayoría va a resultar una fachada, escuche, y si la mitad -y con sólo la mitad ya sería aterrador si realmente lo pensásemos- va a ser mentira. Y no está mal, son un motivo para no buscar la cuchilla de afeitar - "¡Dónde está mi cuchilla de afeitar! ¡Dónde!"- pero ya me contarás si después de perder el norte, que eres, quedarse solo, despedir personas y olvidar cómo se habla, no prefiero hundirme la colcha o bajar a mis infiernos. Total, para darse cuenta, de que en el cielo, válgame el cielo y perdóneme el señor, ni Donnas Angelicatas, ni su reputísima madre. "Sal de fiesta, olvida, vive". Mira bonito, piensa, y luego me cuentas. Y mira que me da lo mismo, que un día casi monto una tienda de caretas, y hasta...ya, mira, me gusta la semana santa, la amo, soy franquista, y ahora republicano; pero es que, hostias, me enseñaron que mentir quedaba feo - y vaya, tal vez si no hubiera tenido esta educación tan mala, y la tuviera tan buena como ahora, quizá sería rico, adinerado, rodeado de mujeres y meretrices, varias, ellas, todas, y ellos, efebos dulces de ojos azules y what?- y lo que es peor, que había que ser sincero. ¿Pero en qué mundo vivimos? ¿Que diga lo que pienso?  Señores, están ustedes enfermos, y yo ya tengo sueño. Que para colmo, al final, y lo digo para que lo sepáis, sólo queda la palabra, y no sólo la mía, la vuestra, tampoco vale un ..., así que espero que entiendas porqué abandono la poesía, porque me mata, porque o ella, o yo.

Mis más sinceros deseos: Revienten

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Me gusta doblar los libros, subrayarlos, pero sobre todo leerlos. Me gusta mi gata, más que muchas personas. Hacer tartas. Dormir cuando pían los pájaros y estar en vigilia cuando otros duermen. Huyo del gentío. Las cosas complicadas.