Frasario

"Y todo comienzo esconde un hechizo"

José Knecht

30 jun. 2010

Tipi :)


Al final me voy a un tipi lleno de libros en mitad de la llanura con mi pipa, mi huerto y una cabra y me olvido de la salvajada esta de mundo, ya verás.

27 jun. 2010

Polvo al amor

Desperté del estado de inopia que me alienaba en ese mismo instante en que un semáforo se puso en rojo. El tiempo se detuvo. Y con él, nosotros. Estaba en su coche, sus manos acariciaban el volante con una feminidad digna de una actriz de los sesenta, casi podía verla en blanco y negro. La ventanilla era mi vida en ese momento, nosotros, éramos nosotros, y el tiempo, toda esa vida e imágenes que pasaban. Me vi, al arrancar, mirándo nuevamente la ventanilla. La bajé, helaba y miré de forma que todo pasaba casi sin saber qué era o qué había mirado. La miré, miré al frente. Todo era lento, podía ver perfectamente el camino, o más bien los caminos, hacer una estimación de la ruta, y dilucidar qué ibamos a hacer y a dónde ibamos a ir. Gire la cabeza, la miré. Mire la ventanilla. Todo volvia a ser difuso y rápido, no entendia nada, así que miré hacia atrás sacando un poco la cabeza. Helaba. Parecía un perro. Podía ver perfectamente, y con lentitud, como todo se alejaba, se alejaba, se alejaba. Aquello ya lo habíamos pasado, y podría recordar perfectamente el camino que recorrimos juntos y de donde veníamos. Y también a donde ibamos. Pero no sabía decir, más que por estimación entre el futuro y el pasado del coche, en qué presente me encontraba.

Las estimaciones eran ciertas. Al final llegamos, el coche se paró. Nosotros seguíamos siendo nosotros, el coche, seguía siendo el coche, y ahora el tiempo, pasaba más lentamente. Existia incluso la posibilidad de aprovecharlo, deleitarse con él, disfrutarlo; o no. Su feminidad me guió. Abrió el portón. Vi las escaleras, estaba cansado, pero las fui subiendo mientras más se alzaban a mi camino. Atrás se iban apagando las luces que previamente fuimos encendiendo. El presente era un constante umbral, y nosotros nos encontrabamos en medio subiendo escaleras y apagando las luces que nos servían de guía. Llegamos. Puso la radio. Y yo me tumbé. Sonaba algo agradable, dependiendo del oido, obviamente.Y nos paramos. Ella, era ella y yo, yo era yo. Nosotros estaba difuso, pero solo al principio. Y nosotros volvimos a ser nosotros. Incluso fuimos sólo uno durante un tiempo.

Durmió. Dormité. Desperté. Volvimos a ser uno sólo durante un tiempo. El tiempo se reanudó. Volvió a pasar, ella era más ella que nunca, y yo era un yo cansado. Cuando subimos en el coche, nosotros volvió a salir a escena, pero nada. Y volví a ver y a dilucidar caminos, a recordar otros mirando atrás, y a no saber dónde estaba si miraba por la ventanilla sin mirar alante o atrás. Al final el coche se paró, ella seguía mirando por el parabrisas, y yo a una puerta con una llave en la mano. Ella se fue siendo ella, yo me quedé siendo el yo más cansado de todos. Y deseé más que nunca ser nosotros.

Escaleras, un ascensor, otra puerta, más luces y más tinieblas, otro umbral. Y al final, polvo sobre la cama. No uso la mia, y el tiempo se acumula, el polvo. Yo lo que echo de menos, es hacer el amor.

24 jun. 2010

A la suerte y fragmentos

A la suerte

Esperando un golpe de suerte,
Infinito.

A ti, suerte amiga,
Que mueves al mundo
Inerte.
Puta que engañas al moribundo
En compás a su lecho de
Muerte.

Suerte, que aprecias dar dádivas
Al malherido, y pasear, mientras
Tus labios húmedos, henchidos,
Sobre la piel del maltrecho;
Que aprovechas el último hálito
Ahíto en la hiel del déspota,
Y que sin pasión ni techo,
Maltratas hasta a la vida
En su pecho.

A ti que laureas, brutal suerte
Contra el dolor,
Las pasiones de los hombres,
Y aireas, perra, que por verte,
La existencia está perdida,
Que por asirte al arte,
Destruyen el amor tus huestes,
Acaban
Con la exangüe llama y vida.

Apremias suerte a la muerte,
Perra y puta, por perderte;
Tú, que emanas de la fortuna
Fuente, y rozas, fuerte el
Sentido pavor al detenerte.
Razón del suicida, sucia
Razón del hombre a lo indecible
Que anima al homicida.

A ti, mala suerte,
Que sin ser mala ya eres suerte,
A ti, amor, que como la muerte
Matas.







Fragmento

Más allá del misterio te he visto,
Y a tu bella locura le insisto,
En la noche, anaquel de imprevistos.
Tus bellos labios, uniéndose con los míos.
Saliva, deseo, marchita quimera.
Húmedos, sensuales, que dejan tras de si
Recuerdos preñados en magia patente
Que no dejan sin querer de rondar mi mente.

Y envuelto contigo en la lluvia silente
Y envuelto en los brazos de tu abrazo
Pájaros, cíclopes, esmeradas gacelas,
Y entrecortados suspiros que a mi alma enajena;
Nazco de nuevo, de tu triste ausencia
Mas sólo recordar tu calidez y presencia
Me hace rey del tiempo,
Y del anaquel de insistencias.

19 jun. 2010

Cine

Días de cine y relax.

Ayer:

El Cónsul de Sodoma



Me bustó mucho la adaptación al cine de esta obra y de la vida de Jaime Gil de Biedma. Adelantados a su tiempo, como siempre.

y

Cashback



 Reposición de pelis que ya vi pero que tenían un mínimo "eso", no es brillante y apunta a partes de comedia pero la forma de tratar al tiempo me parece curiosa.


Películas para ver también: El gran Torino (de Clint), The Hung (con dos pedazo actrices y the lakme flowers de banda sonora),  7 pounds...uhm
Platoon


Lakme Flowers, Leo Delibes. BSO The hunger

16 jun. 2010

Fábula Genil 2.0

Final apresurado de la fábula de Genil 2.0. (original by Pedro Espinosa, que hay que poner siempre las fuentes) (Iban a ser 10 pero se queda en 7 octavas, que hay qu'entregarlo,no puedorl masrl, jarl)


Como ante estatuas de humo evanescente
De genil su faz en lágrimas torna,
Como Orfeo en mirar impaciente
Al ver muerte en sol que adorna
La bella ninfa que deja serpiente
En silente averno y dioses en sorna.
Mas el agua en que deshace parece
Se engarza y une al dios mientras perece.

Absorto e inmóvil absorbe el hado
Y fatalidad exige que en sueño
Caiga firme, e Hipno ofrenda exaltado
Su quimera prófuga, harta en beleño.
Y sueña del mar haber afanado
Pues ahora es solo de un sueño dueño
Y en luz bebida en recuerdos convertida
Yace exangüe la abrupta llama y vida.

Y viendo Hespérides, Náyades, Dríades
Con Oréades, Trías, Perimélides.
Luminosas voces tañen Melíades;
Y cantan, bordan, crean Epimélides
Dávidas mutuas que serán a Antríades
Deleites, goces de dulces Alsélides.
Que en claveles y rosas, mirabeles,
Fabrican ramos hechos con pinceles.

Ve panales, mieles, y dulces, panes
Y ojos en amarillo color posando
También lirios, bellos tulipanes;
Y al sol, alhelí al cielo olor brindando.
En esto entiende alcance en sus afanes,
Pues Tántalo amor terminó dejando
Que en cierne oprimido, futuro ajado,
Encuentra senil, río amortajado.

Llora entonces, que conoce y entiende,
Aprende, alegato contra arrebato
De dejar que amor que en realidad prende
Siga curso en prender su objeto innato.
Y rompe el llanto Betis, pretende
Aprenda Genil y escuche el mandato.
¡Juicioso río, déjanos prendados
Con palabras de labios empedrados!


"Deja ansias que pena al amor amado
Es, y ansía calmado el amado amor
Pues, no dolor, sí candor sosegado
Es, lo que en teséica proeza, clamor,
Que alzaste en tus riberas exaltado
Buscabas, cambiando fortuna y honor
De dos entes al rumor, por congojas,
Que ahora arrojas, que desalojas."


Termina ofensa en aprendida pena
Pues senil río, Genil, abatido,
Llorando lágrimas de su condena
Crea sorpresa y flaquea en un bramido;
Crea sirena de hermosa melena
Y Yendo confuso, vuelve a su almena.
Pues piensa: Amor crea, enseña, confunde,
Enciende, destruye, condena, y hunde.

14 jun. 2010

Imposible

Texto en construcción, disculpen las molestias








I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhauser gate. 


Veo coches viniendo a cien por hora desde lo más alto del puente, tan solo una extensión más del sistema vascular de la ciudad. Los he visto subiendo a la acera, llevándose señales por encima de la hierba -ese falso césped de grama- y estamparse sobre la fuente en un agónico final; y desesperado, destruir sus pertenencias materiales contra el agua y el hormón, salir ileso, y salir del coche. Gritar hasta quedarse afónico en un desgarrador sentimiento de culpa y odio; de aburrimiento. Otras veces, mirar mal a una cajera de supermercado, vivir como desde lo más profundo del asesino y ladrón, desde el enajenado, atacan a la cajera en un arranque de odio: robar, matarla y salir de allí pagando lo supuestamente necesario con una sonrisa hipócrita dibujada sobre la cara del asesino, el loco. Él, en teoría cuerdo. Quedarse gente atrás mientras anda hacia su casa todos los días haciendo lo correcto y vivir otras vidas lejos de la temporalidad en una nube de situaciones descabelladas. Cosas que no creeríais. Personas inteligentes perderse en el laberinto buscando una forma de escapar comenzando empresas imposibles; buscar la salida siguiendo falsos ovillos de lana podrida, retazos y jirones de planes vencidos o perdidos. A mujeres pasar con gafas de sol ocultando sus verdaderos ojos y rostros, erguidas y confiadas en un final feliz que nunca llega, andando desconfiadas por la ciudad que duerme y se angustia en seguir viva en un sueño y anhelo vivido por los muchos que la alimentan y nutren en nuestra desgracia. He visto a los optimistas sucumbir ante los designios de la fortuna en un grito terrorífico que llenaba la ciudad, en un llanto de niño, un berrinche del que contiene demasiado y está enjaulado en los sueños de los demás. A la senectud de personas arropadas por las arrugas del conocimiento paseando perros que las siguen sin preguntar, pasar por pasos de cebra - nada más alejado de la naturaleza-  decidiendo parar a revisar sus piernas cuando acaba el largo viaje sobre la piel artificial de un animal pintado en el suelo. Niños, pasear de la mano con sus padres, ajenos a cualquier mal, arropados en la ignorancia del infante que se cree seguro y protegido por la sabiduría de sus hacedores. Los he visto cruzar confiados mientras la indomable tecnología los atropellaba en un sin sentido no exento de canibalismo lanzándolos metros y metros sobre el asfalto terminando el trabajo y el sueño de algunos. A personas correctas que dejan pasar el autobús en una rotonda, a coches que adelantan por la derecha. A más personas corriendo, asfixiadas, o pasando por el "las plantas respeten". Personas tumbadas, sentadas, hablando como si nada. He visto atacar naves en fuego, más allá de Orion. Personas ricas, conduciendo la más alta gama y consecuencia de la salvaje urbe: el poder sobre las cosas. A personas con prisas, con más que prisas. Descapotables sirviendo algún pecado capital con el cabello al viento. Pero miré al cielo, es lógico que Luis o Juan de la Cruz miraran al cielo. Allí el futuro no parece tan descabellado, la naturaleza cobra sentido. Aunque a lo lejos, bajando la mirada y apuntando al horizonte haya tejados y últimos pisos con grandes "se venden". Todo un progreso para servir a los sueños -tal vez dueños- de la gente; como progreso también enseñan las grandes grúas del puerto marítimo, que pugnan con sus azules contra el mar y el cielo, irguiéndose sobre los edificios en un ademán honroso y noble de saber que el sueño y la locura creacionista de sus creadores se construye sobre sus espaldas. Describir algo bello con palabras es una tarea imposible hoy, y más allá de toda expectativa, imbuirlas de atroces retazos de significado es una locura, llenarlos de vidas inconclusas en algún lugar de nosotros mismos es jugar a ser Dioses.







..... building

12 jun. 2010

3 Relatos de arañas. La migala

Reescritura -o bien profanación- ("obligada") de la "migala" de Juan José Arreola hacia lo "fantastico" de Todorov (creo :S )




La migala se escurre en el vecindario como audaz síntoma de muerte. La gente aún no sospecha porqué, ni cuando llegaron lo que ahora comprendo como asesinatos en los apartamentos adyacentes. Mi obligada mascota trae la desdicha, y a mi mismo la inquietud y el horror de saberme asesino y vigilado por la mirada de multitud de ojos en racimo, espectantes, frios, negros, impasibles.

El día que quise comprar la migala el saltimbanqui me dio consejos sobre su alimentación, costumbres; sin embargo jamás me comentó nada por su afán destructivo, o quizá, sea que a estas alturas, la locura contamina lo que toca y ella no es más que la mensajera de un dolor irracional que se desfoga en mis compañeros de hacienda. Recuerdo el paso temeroso, vacilante al sentir el regreso a casa tras la compra del instrumento de dolor, de paz; en aquel pequeño cajón se encontraba la ponzoña que tiraba de mí hacia mi apartamento como un lastre definitivo. Aquel era el paseo al infierno más diáfano que alguien puede desear, con la sonrisa y el temor del que se sabe condenado y no tiene salida. Hacia el mayor y descomunal infierno de los hombres.

La noche que decidí arrojar la migala sobre la cama a esperar su retroceso hacia lugares más recónditos, oscuros, vi correr a un animal que parecía saber a  qué había venido, y aunque pude mirarla frente a frente durante unos segundos de súbita duda, a esperas de que comenzase a hablar y revelarme cuándo iba a matarme, sin asombro, la descubrí arropándose en las sombras de muebles, quizá cajas, armarios, cajones. Quién sabe ahora.

Sigo esperando la presencia invisible mientras yazgo desnudo, aterrorizado por la posible picadura ponzoñosa, que con sibilinas formas y pérfidas mañas controla mis movimientos tímidos mientras ando por mi propio hábitat en la de ella convertido. Tiemblo, exhausto, ante cualquier cosquilleo, y palidezco en el sentir del viento, la oscuridad, y el silencio solo a veces calmado por el súbito crujir de su terrible y espíritu maligno torturando la madera, pequeño y letal. Si es que es ella. Vigilante.

Pero no ha desaparecido, y me atormenta haciendome saber que la angustia y el tósigo me acechan detrás del viejo escritorio, dentro de un zapato, en mi inquietud, en mi hastío, entre la ropa y mis pensamientos. Sé que anda allí, y mis vecinos, asustados ven como su vida se reduce a esperar la siguiente víctima. Nunca imaginé ver  mi alrededor la muerte cuajarse, y de qué forma, entonando el mea culpa. Primero Andrés que padecía del corazón dicen, ya, del que solo conozco su nombre y su tele encendida  hasta altas horas de la madrugada; y Teresa, de la que el olor fétido de su cuerpo inherte anunció a todos la muerte inesperada dos días después del pobre anciano y que descubrimos a la semana. Enferma, o algo así. La tortura se alarga. Ella corrió peor suerte, y aunque parece que vivió lo suficiente para descolgar el teléfono murió sola, como Andrés, como yo. Nos vigila, nos acecha, nos termina poco a poco como enviada de un terrible existir tóxico que nos oprime y asfixia. Se sabe artista en su discurrir sigiloso y lo usa para tenerme en un constante jaque que sé como terminar. Sí, lo sé, o no. Solo quizá. Pero es mejor que morir entre vómitos de sangre y terribles dolores. Sí, porque he buscado, y me informé, mas allá de lo que el saltimbanqui me dijera que la picadura no es instantaneamente mortal, y si el morir de amor no debe doler tanto y traer paz, aunque angustiar, debería ser rápido, y sí, mortal. O no.

En realidad, carece de importancia, me consagré, a mi y a mis extraños allegados a la presencia de un terrible juez y pastor. En mi foro interno el suicida que trajo la migala se descubre como asesino y renuncia a la inefable lucha contra la incontingencia existencial del veneno que inoculé en el apartamento, y que ahora se divierte en exparcirse y volver para aterrorizarme durante la noche; con sus imperceptibles pasos, con su silbido pérfido. Tengo miedo, y se hace insoportable en soledad, acorralado por el pequeño monstruo y la omnipotente muerte, angustioso es el tiempo que pasé entre cábalas pensando en Beatriz, y solo ahora entiendo que si quería acabar con esto, solo tenía que saltar por la ventana de este sexto, y acercarme. La gente muere a mi alrededor, y aunque ellos no sepan porqué ,yo sí. Sí, rápidamente al suelo. Sin más, y desear que la muerte me persiga hasta la calle y se pierda en las alcantarillas. Dejándome en paz a mi, y a la manzana podrida. Y otro grito, quizá alguien más haya caído en su red.
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La migala. Reescritura insólita.


La migala se esconde entre las sábanas, y yo apenas deseo que esté allí cuando vuelva de la ducha y vaya a conciliar un sueño, eterno, o no.

El día en que Beatriz y yo entramos en aquel recinto ferial nunca imaginé que llegaría a traer a casa aquella repulsiva y atroz alimaña. Era peor que un destino truncado, peor que el desprecio y la pena en los ojos de una mirada de falso amor.

Días más tarde volvería a comprar aquel ponzoñoso arácnido; el sorprendido saltimbanqui me informó sobre sus costumbres y alimentación extraña, hice caso omiso. Más tarde notaba el peso del veneno y el mal, del vil animal que inoculaba en mi vida dentro de aquella pequeña caja de madera donde portaba el peor y más descomunal infierno de los hombres. Con paso tembloroso y vacilante me dirigí al piso de apartamentos, y durante el trayecto, noté como la inocente caja de madera tiraba de mi hacia la inexorable certeza que me aguardaba.

La noche en que solté a la migala en mi departamento la vi esconderse, corriendo con sus asquerosas y negras patas a ocultarse bajo un mueble, giré la vista e intenté vivir el comienzo de una vida indescriptible. A veces, de iluso, imagino la posibilidad de la escapada de mi compañera de piso, me veo sin dudar en un mar de acciones que no están pensadas en un agonizar de mi propia existencia, sin medir cada paso, mirar cada recodo o recordarme que convivo con mi muerte, con su presencia invisible.

Todas las noches tiemblo y sudo en padecer el terror de la oscuridad, y la veo a ella, reptando hacia mi encima de las sábanas, lentamente, muy lentamente; decidida a dar el picotazo mortal, inocular su veneno, acabar con la agonía y el escalofrío nocturno que cada noche recorre mi espalda sí o sí antes de dormir, dormitar, maldormir. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil al sentir sobre mi cuerpo en sueños aquel peso imperceptible, el paso lento y cauteloso de la ponzoña. Sin embargo siempre amanece, vivo, y mi alma se apresta al perfeccionamiento inútilmente.

Algunos días dejo que mis deseos guíen mi pensamiento y reitero en la idea de que se haya extraviado, pero es siempre la fortuna quien me pone delante de ella para recordar la asfixia diaria. Ayer el silencio, la paz y el sueño, trajeron el sonido del venenoso animal, imperceptible. Su peso efímero en mis sábanas, suaves, sedosas, como su red y sus patas. Y la vi envolviendo mi cuerpo en un suave capullo de seda; inmóvil, veía como en sus racimos de ojos purulentos se reflejaba mi cara atónita y desesperada, blanca como el moribundo. Inerte, esperando que aquellas fauces que escupían la bilis que me consumiría llegaran a tocar mis propios labios, y sentir, sin hacer nada, como la muerte te devora mientras el veneno te paraliza, asfixia, destruye y anula.


Salí de la seda con los sudores del moribundo escapando en un desliz de atención de la migala, y lo único que pude hacer fue retorcerme entre atroces dolores y vomitar en el suelo mientras ella me miraba triunfante. Había vencido y disfrutaba con los últimos estertores. Después, el más profundo y reparador de los sueños llegó.

Aún odio, desde el más profundo amor a la vida, aquel grito, aquella llamada, y aquella ambulancia; el sonido del perdón. De la migala, lo ignoro.


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No rest, no mercy, no matter that. 


Reescritura Maravillosa





La migala discurre libremente por la casa, libre, y a veces incluso hablaba, lo que no hacía disminuir mi capacidad de horror.

El día en que Beatriz y yo fuimos a aquella caseta derruida de feria el gitano saltimbanqui que nos atendió nos contó maravillas sobre su horrible migala, la más repulsiva alimaña que podría haber visto marcaría mi destino, así como el desprecio y la conmiseración que brilla en una clara mirada.

Tras varios días volví a comprar la migala, el sorprendido saltimbanqui me dio informes acerca de sus costumbres alimenticias y extrañas advertencias sobre las arañas que no logré comprender; místicos gitanos, perdidos en siglos en que los fantasmas aún aparecían para atormentar de forma fantastica a la gente. Pude sentir ese sendero oscuro que guió mi alma a transportar la migala en mi particular caja de Pandora, solo la esperanza quedaba dentro, la esperanza de no abrir, y comenzar a vivir la angustia de una vida dificilmente descriptible. Aquella caja, su contenido, ligero –la migala- y tenaz, pesado –en mi alma- en mis manos, era la máxima dosis de terror que necesitaba en aquel momento.

La noche que solté la migala en mi departamento nos aplastaba un calor denso, húmedo; y durante un momento, dudé en aplastarla a ella también, y al levantar el pie calculando la mejor trayectoria para el final de mi relato, ella, en un aviso, se erguió sobre sus patas traseras también. Avisándome igualmente. En ese momento comenzó el infierno en el que mi vida se consume y mi alma se perfecciona.

Con el pecho lleno de noche sucumbo cada crepúsculo al miedo de la oscuridad, del qué, detrás de las cortinas, de las esquinas de muebles mal iluminadas, o de aquellas zapatillas viejas que ya no uso y acumulan polvo y telarañas. Siempre esperando la picadura mortal. A veces, helado, me descubro sudando tras un sueño, grandes arañas me persiguen pero jamás me alcanzan. Asfixian, acosan, vigilan, siempre, sin descanso, como si me dejaran vivir a conciencia, con paciencia, con su invisible presencia maquinando mi ausencia.

En el silencio de la alborada siempre me encuentro con ella y sus susurros, la encuentro en mi almohada, despertándose conmigo y su presencia me atormenta en el despertar más allá de los sueños y su misterio. No conforme con perseguirme allí, la encuentro diciéndome cada mañana cuanto me ama y como me devorará poco a poco cuando me embriague de su ponzoña y deje de sentir el dolor y el terror de convivir con la muerte día y noche. Hablar con ella se me hace tedioso, y cuando casi pierdo el respeto por su especie, me acerca sus temibles patas al cuello y me pasa sus colmillos afilados levemente por la piel, "eres mio" susurra. Luego se va, y me deja a solas con mis pensamientos. Prefería a Beatriz.

10 jun. 2010

Devaneo con las letras.

A la cordura



Dejarse llevar, cerrar los ojos,
confiar el rojo y dejarte los ruegos,
y los quieros
en un tintero casual y ajeno.
Jugar, y digo a un juego;
inventar mil sucesos
escribir el futuro, y pasado,
devanándote los sesos.


No importa,
lo digo de verdad, a ciencia cierta
sin ciencia, pero con certeza,
que ronques, ni que arranques,
la piel que no es ni de tú
ni de yo.
Que ceses el silencio, ni
que mires cuando duermo, si
el espejo en que miro, respiro;
inspira o expira, o
está muerto.

Las raíces de los árboles sucumben
a la estoica mirada de la sombra
que las cubre, y me consta
que en la cumbre de tus nubes,
en la volátil sinuosidad de un cigarrillo
escondes,
amas,
vives,
y purgas, las raíces muertas.

Se (sé), o no, no sé,
el cielo magenta que alimenta
las hojas, verdes, amarillas, marrones,
lilas, fuertes, cruentas, con vida, jirones
de la constante lucha,
entre el drenaje eterno
y el aspirar el cielo a pulmón enfermo.

Hasta la tierra se lamenta,
y no exenta la negligencia
de prudencia, ve, vela, mata,
y a todo lo convierte en
sombra,luz,humo, todo, y nada.
Sé, o no, a gusto y placer
del que place, y yace, sí
entre leones y panteras.

Baja entonces y purga sin piedad
la raíz, en un, dos, cuatro, ocho
intentos sin dudar y luego vuelve,
té loco al final;
toma el cáliz, alma, y descansa,
calma tu padecer con el grial.
Sé, o no,
mas yo sé que no.

6 jun. 2010

Buenas noches.

Tres canciones para ir a la cama :)


Aparece en la banda sonora de Factotum, película autobiográfica de Bukowski que recoge algunas de esas vivencias que vemos en sus libros.

Consejo amistoso a un montón de jóvenes

Id al Tibet
montad en camello.
leed la Biblia
teñid vuestros zapatos de azul.
dejaos la barba.
dad la vuelta al mundo en una canoa de papel
suscribios al Saturday Evening Post
Masticad sólo por el lado izquierdo de la boca
casaos con una mujer que tenga una sola pierna y afeitaos con navaja

y grabad vuestro nombre en el brazo de ella

lavaos los dientes con gasolina
dormid todo el día y trepad a los árboles por la noche.
sed monjes y bebed perdigones y cerveza.
mantened la cabeza bajo el agua y tocad el violín
bailad la danza del vientre delante de velas rosas
matad a vuestro perro
presentaos al Alcalde
vivid en un barril
partios la cabeza con un hacha
plantad tulipanes bajo la lluvia.

Pero no escribáis poesía.


.

Aparece en la banda sonora de "V for Vendetta" una película que, acción aparte, puede ser leída de otra manera. Sobre todo si conocemos la novela gráfica de donde sale, Alan Moore da vida en ella a V, él mismo se disoció de la película por su falta de participación en el guión. David Loyd ilustra la obra.

 "Bajo de esta máscara hay algo más que carne y hueso, bajo esta máscara hay unos ideales,y los ideales son a prueba de balas."

"¿Cuántas veces, con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas, engañamos al diablo mismo?" (cita de Hamlet,  por V).


(Arthur Hamilton)

Now you say you're lonely
You cry the whole night through
Well, you can cry me a river, cry me a river
I cried a river over you

Now you say you're sorry
For bein' so untrue
Well, you can cry me a river, cry me a river
I cried a river over you

You drove me, nearly drove me out of my head
While you never shed a tear
Remember, I remember all that you said
Told me love was too plebeian
Told me you were through with me and
Now you say you love me
Well, just to prove you do
Come on and cry me a river, cry me a river
I cried a river over you

I cried a river over you
I cried a river over you
I cried a river over you



Una joya, una perla que sale de un juego que trata sobre un futuro condenado, la guerra, el anhelo de la paz, el descanso, la muerte y el amor. La voz la pone Jackie Presti, está en hebreo, la traducción, más abajo.

Ozemet et einai lmishma ha yeri
Mozia kol sheaga
Ah bein rega mithalphe le yehose
Akol avor
She hai be siot
Mitgagat mikol alev

Mieahelt leholam she hazlo dimotav
Halev kvar met
Atikva
Mitgagat ad keav


Closing my eyes to the sound of gunfire
Uttering a roar
In a flash I am switched into despair
Everything for the one who lives inside the nightmare
Missing from the bottom of my heart
Wishing the world that ran out of tears
The heart is already dead
The hope
Missing until it hurts

Cierro los ojos con el sonido de disparos
Profieren un rugido
En un instante cambian a la desesperación
Todo para la persona que vive dentro de la pesadilla
Desaparecido en el fondo de mi corazón
Deseando que el mundo funcione sin lágrimas / (se quede sin lágrimas?)
El corazón  está ya muerto
La esperanza
Ausente hasta que duele.


2 jun. 2010

Weich

Weich!, es un saludo como otro cualquiera. Yo lo uso más que Hola, incluso con gente que no sabe qué significa. Enfermedades pequeñitas imposibilitan mi marcha a otras esferas - guiño, guiño-, pero desde casa hay que seguir trabajando, leyendo y aprehendiendo, que para aprender ya está el cole.


“¡Qué incomprensible tendría que parecerle a un griego auténtico Fausto, el de suyo comprensible hombre culto moderno, el Fausto que se lanza insatisfecho a través de todas las facultades universitarias, entregado, por afán de saber, a la magia y al demonio, y al que basta poner junto a Sócrates con fines comparativos para darse cuenta de que el hombre moderno comienza a presentir los límites de aquel placer socrático del conocimiento y que, desde el vasto y desierto mar del saber, anhela una costa!”
                                                             Friedrich Nietzsche. El nacimiento de la tragedia.pag 155. Alianza editorial




Quien siempre desea, aspira y lucha, merece recibir la salvación
                                                                                  Goethe. Fausto. pag 412. Austral








La pervivencia de lo trágico en Fausto a partir del Nacimiento de la tragedia.




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Me gusta doblar los libros, subrayarlos, pero sobre todo leerlos. Me gusta mi gata, más que muchas personas. Hacer tartas. Dormir cuando pían los pájaros y estar en vigilia cuando otros duermen. Huyo del gentío. Las cosas complicadas.