Frasario

"Y todo comienzo esconde un hechizo"

José Knecht

15 oct. 2011

Un sueño cualquiera



    -¿Qué piensas en este mismo instante? –preguntó él.
           Generalmente este tipo de preguntas a nadie se le ocurre llevar a cabo aunque sean pensadas, al menos, esperando algo trascendente. No obstante aquella no era una situación común. Se encontraban en la pequeña habitación de la ciudad dormida dos almas vivas; sus espíritus escapaban aquella noche por la ventana dirección a la nacaráda y fúlgida luz de las estrellas; sus rostros yacían iluminados por la claridad mortecina de una luz dorada y rojiza, como viva, palpitante, como aquella habitación. La desnudez de las almas en aquel momento solo era deducción lógica de tan extraño encuentro en el planeta en que vivimos, donde cada alma vaga temerosa sin encontrar la complementariedad infinita. Se habían reunido en ese lugar dos partes de un mismo ser, un cuerpo completo y aunado en Paz. “¿Qué piensas en este mismo instante?”. “En mi vida, que es la tuya, nuestra vida.”
           Ella pensaba en imágenes rápidas llenas de dinamismo y color. En los colores de las verduras, en aquella sensación maravillosa de cocinar con una mano amiga; en los olores de las salsas o las especias en el aire denso y cálido de la cocina; o en “¡échale más orégano!” y reír después como una condenada porque se le había caído a él más de lo debido. En cosas insignificantes. En “no, córtalo más finito”, y ver como dedicaba cuerpo y alma, atentísimo al mínimo y nimio corte en su debido lugar, que era el preciso, mientras echába un sorbo de la lata y sonreía porque era terriblemente feliz en esa escena. 
Se trata de un amor egoísta el que sentimos, en el que importan más aquellas sensaciones vividas, vidas sentidas, en un momento de tranquilidad o paz de espíritu por parte de una de las partes; de la parte que tú vives y sientes, que lo que realmente demuestras cara al público privado de la persona que yace al lado. Es un amor egoísta por oculto, no por inexistente; pues más profundo se vuelve el amor pensado después de ser sentido, más lejos y con más profundidad se hunden sus delicadas raíces en el interior de las personas; más eterno es un amor pensado en la memoria que sentido en la piel y los huesos, pues la carne se vuelve eterna también en conctacto con la nebulosa del pensamiento, y así, dos partes de un completo perviven por eones más allá de la muerte de los enamorados y las estrellas mismas. El amor no se vive, se echa de menos.
           Pero es tan puro el sentimiento que resta tras la pérdida del objeto amado. Conmúnmente caemos en la desdicha de no idealizar lo cotidiano: nuestro reflejo en los ojos de a quien miramos; tristemente olvidamos poner el alma entera en el conocimiento de alguna cosa, pasamos de un lugar a otro sin sentir con lo más hondo de nuestro pecho los momentos vididos; rascamos la superficie heláda, la máscara de aquello que escasamente disfrutamos y más dificilmente conocemos; no morimos en cada intento; no nacemos a cada momento: tristes, amargos ante lo bello. Olvidamos rápido. Recordamos tarde, y lento. Sin embargo, cuando te descubres los ojos y ves con estos  en el pecho, entonces se ha llegado: estamos vivos. Y nadie nunca alcanzará a entender algo tan intenso, jamás arrancará alguien las raíces, que son sutento, parte ya de algo completo.  Pero tú no sabes, en aquel instante, lo profundamente hondo, que amas. Eso viene después, tras el viaje con el barquero. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay un algo aquí, que no parece suyo. Para que quede diáfano, no me ha gustado.

Anónimo dijo...

Sino parece suyo será por puro y precisamente por diáfano, porque por una vez hay un reconocimiento de belleza en eso que normalmente desprecia. Se me antojan juegos de palabras con amor y amargura.

A mí sí, sí me ha gustado.

Alruin dijo...

No sé, nunca llueve a gusto de todos, sobre todo cuando experimentas. Hos kiero hamijos

M.Flores dijo...

"El amor no se vive se hecha de menos"
Y en ese punto estoy yo y claro, me hiciste llorar con tus palabras.

Eres grande pues siempre das en la diana de la emotividad con tus nuevas entradas. Y esa es la única literatura que admiro y que leo.
Besos.

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Me gusta doblar los libros, subrayarlos, pero sobre todo leerlos. Me gusta mi gata, más que muchas personas. Hacer tartas. Dormir cuando pían los pájaros y estar en vigilia cuando otros duermen. Huyo del gentío. Las cosas complicadas.