Frasario

"Y todo comienzo esconde un hechizo"

José Knecht

22 may. 2010

Cosas jamás entendidas

Probablemente haya multitud de situaciones que a nuestros ojos jamás entendamos como lícitas o realmente trascendentes, qué mas da, para algunos lo son. Hoy fui testigo de una de esas que terminan por replantearte la capacidad de abstracción que tiene una persona. Expliquemos esto: multitud de alumnos y una clase, una profesora y una asignatura. ¿Cuáles, quienes? Qué más da. Conversación que se llevó a cabo en esa clase:

[Sobre mapas de dialectos]

alumna random: Pero...es que no entiendo, aver, yo cuando sé que.... (interrupción)

Profesora universitaria: Es que no se trata de saber, es que lo dice Manuel Alvar.

Punto, un punto y final lapidario. NO, y hagamos resaltar la paradoja; NO se trata de saber. Es decir, se trata de memorizar, de aplazar la sabiduría que se supone nos transmiten profesores que habrían de buscar alumnos realmente interesados en su carrera ( que esa es otra de la que ya hablaremos) y enseñarles a amar lo que ellos aman. Filología, una palabra para definir amor por las letras. Si realmente careces de la premisa de la que se parte: O no seas alumno de esa carrera, o no seas profesor de la misma.

Porque ¿A donde quieren llevarnos dogmatismos extremos sin sentido común? Hay muchas maneras de explicar y hacerte "Amar" algo. Esa, no es manera.

El problema reside en que cada vez hay más profesores y menos Maestros, por ende, más alumnos y menos discípulos. Toda una lástima para los sentidos de la lengua que subyacen y subsisten en un ademán casi ilícito de repateo angustioso y moribundo. Un gran logro pues, para la memorización absurda y el vómito en exámenes exentos de toda lógica más que la de aprobar y suspender. Qué gran método para contribuir al "avance" de este sistema que construimos todos con nuestras manos.

Lo inefable se bate con lo rigurosamente científico, y los amantes del verbo, las mentes inquietas, ven desde un segundo plano como distintas ramas se automasturban en un baile de: veamos quien lo hace más mal - que no peor-.

Enhorabuena a muchos por la universidad del presente, por las mentes del futuro, por la contribución a la alienación de la persona. Yo os doy las gracias por NO tener que "saber", y regirme por manuales y palabras de otros. Es todo mucho más fácil, finalmente gracias, sois muchos/muchas ( vaya mariconada tener que poner ambas cosas) l@s buenas personas que han contribuido a esto. De profesores desencantados solo pueden salir mentes; o bien alienadas, o bien desencantadas, o bien "no mentes".

¿Cuándo, cuándo os daréis cuenta de que tenéis el futuro a medio construir con las generaciones venideras en vuestras manos y las estáis desaprovechando en un: No-me-quiero-mojar-pero-sí-cobrar? Mentes ávidas y solo se os ocurre NO "saber". Perfecto, perfectísimo, jodidamente perfecto. (Ya no sabía como resaltar la indignación :) )

Aun, gracias al cielo, algunos excéntricos aun leen en clase el Polifemo - de Góngora- con Mozart de fondo en clase. ( Y aún hay algunos que bostezan o no se paran a reparar en la belleza y se distraen, profesores desencantados; alumnos desencantados)

Ahora sí: Gracias. Y a los otros: solo hacéis más grandes vuestras doctoradas faltas y alimentáis nuestras nostalgias e ingenuidades, pero sin duda: gracias. Porque hacéis más grandes aquellas cosas dignas y bellas, con significado y más allá de todo dogmatismo desde vuestra estupidez ( y ahora sí me mojo). Gracias.






Es que no se trata de saber...

Jamás lo olvidaré/entenderé. Necesitamos una palabra que exprese esas dos ideas juntas xD.


4 comentarios:

Cartaphilus dijo...

Vaya. Cuánta razón tienes. Mis disculpas por lo que me toca. Soy profe de Dialectología e Historia de la lengua (y casi he dado todas las asignaturas de la carrera porque empecé de becaria hace ya 10años).
Soy uno de esos que explican la yod y las inflexiones vocálicas, los perfectos fuertes y la simplificación de las sibilantes (el proceso de cambio lingüístico más excitante que ningún profesor pueda tener el placer de hacer entender a unas jóvenes mentes). De esos que aman hacerse entender, que piensan que para hablar del mozárabe hay que tener unas jarchas delante; y qué decir de ese idioma nuestro que nace de manera misteriosa entre romances más refinados y que algo tiene que lo hace poderoso por árido, ¿por sencillo?, por rudo. No se entiende nada sin ver las glosas emilianenses con un profe que te las explique y sacar conclusiones, eso tú. Me gustaría tener tiempo y que todos sintieran esa curiosidad. Leer a Berceo en voz alta y pronunciar el español medieval con sus sibilantes sonoras y sus bellísimas palatales. Cada vez tenemos menos tiempo y menos espacio: los planes nuevos dejan ¿10 horas? para explicar la fonética histórica. ¿Cómo hacerlo bien?
Fdo.: Cartaphilus

Alruin dijo...

Y cuanta razón Cartaphilus. El problema es que la razón no termina por poner soluciones, e impone razones. Una razón para hacer todo más europeo, apto, comedido, dogmático, es tener esas 10 horas de clase. Imagina cualquier autor de cualquiera de esas asignaturas que diste en tus primeros años; toda una vida trabajando, con esfuerzo una lengua que, válgame el cielo ahora no sé de donde viene pero bien sé que puede ser dulce, ¿árida, ruda? noble y con fuerza. Y ¡Cómo! ¿Con qué desdén nos lanzan las clases a la cara, imponiendo “no saber” y sí 10 horas para (no) formar a personas que dicen padecer la filología. Te admiro en tu trabajo, en tu querer hacer amar la lengua y transmitir lo que sientes por esas jarchas que vemos malimpartidas por otros y otras como si de diseccionar una rana se tratase, de forma aséptica, fría, siguiendo un manual, con desgana y porque al final de mes les pagen; desencantados. ¿Cómo hacerlo bien? eso pregunté yo tiempo ha, a algunos profesores. Qué dolorosa puede ser la indiferencia en estos casos. Las jarchas, el mozárabe, las glosas emilianenses, de las que sólo sé su nombre, sí; no estaría mal verlas en clase y comprender el porqué de las cosas. Y por qué no, comprender también el porqué ahora, cuando de estos cursos ( y bien lo sabes) venideros, acaben los pupilos su carrera-master-qué-sé-yo sólo un, tal vez dos profes, hayan hecho sentir a un alumno, alumno de verdad porque tengan delante a un maestro.

(sigue, ais, nos limitan hasta con las palabras que podemos decir)

Alruin dijo...

Supongo que hay que luchar contra la desgana y la apatía del alumnado, ofrecer posibilidades, alentarlos a la lectura, al saber; intentar que la tarima no sea un obstáculo, que las "tutorías" sirvan de algo (que sí, que las hay, y no lo dudo, y tengo confianza en ti, pero dime que no lo has visto tampoco: la soberbia y el desdén). Vencer al absentismo provocado, que pretenden solucionar dando la nota a la asistencia y obligando, cuando bien se sabe que exceptuando causas mayores cuando te gusta dónde estás y que estás haciendo, lo haces. Dejar de manipular la educación, de hacer robots, de acortar temarios, clases. Hacer apetecible la universidad, una diferente a la de ahora. Vencer esos profesores, que por vejez o desencanto han perdido el brillo en los ojos y la chispa de esos que se saben atentos a la mirada de personas que anhelan lo que cuentas. Qué gratificante debe ser encontrar las miradas de los alumnos, fijas en tí esperando una razón a porqué “la viene de ILLE”, o porqué a Sor Juana Inés no la conoce ni el Dios al que se encomendó. No entiendo, no-entiendo, y supuro rabia; cómo se supone que siendo filólogos, ¡Amantes de la literatura y su lengua! Nos la presentan como una bestia horrible o de forma inaccesible, aburrida y tediosa; que es bella lo sabemos ¿ Y porqué Cartaphilus, porqué hacen eso? ¿Es otra lengua la que hablan, están en otras esferas y no los entiendo? Ojala, te digo, fuera una de estas dos últimas opciones.

Aunque déjame decirte, que al final pagamos todos por la culpa de la mayoría. Hay pocos buenos profesores, sea por la razón que sea, y hay pocos alumnos con ganas de aprender (aprehender), sea por el ocio que sea; lo que no puede ser, es que finalmente, un filólogo salga de la facultad sin haber visto esas emilianenses, ni a Góngora en condiciones si no se topa con unas barbas sabias de un ser menudo, ni al Lazarillo en condiciones si no te topas con ese hombre de voz grave y bigote. Sobre todo porque: ¿Qué alumno después de escuchar lo que yo escuché, va a amar la dialectología Cartaphilus? Qué alumno, discípulo, pupilo, persona al fin y al cabo, va a amar la literatura, su lengua, si le explicamos así de mal lo que es?. Y rabia me da, saber que nos perdemos tantas y tantas cosas por culpa de unos pocos ( o quizá los más).

Ante tan aciago presente y futuro, por otro lado, siempre hay que ser positivo, y aunque explicando todo lo anterior pueda parecer que la filología se condena a ella misma por aquellos que prometieron protegerla, aún tengo esperanza (más en las personas individualmente que en el sistema). Y sobre todo, alabo las ganas, el amor, y la fuerza con la que se imparten las clases de verdad por profesores que aún guardan fuerzas, ganas, y amor a lo que imparten, una lengua noble, con historia y que se deja amar si sabes como presentarla. Solo puedo decirte: ojalá, algún día, leamos Berceo, o cualquier jarcha sin memorizar epígrafes, y entendiendo los porqués de la evolución de la lengua, la poesía, o si me provocas: del mundo.

Un afectuoso saludo. Fdo: Alruin

:)

Cartaphilus dijo...

Ay, Alruin. Sí que llevas razón. Y sé bien de qué hablas. No hace tanto que tuve esos mismos pensamientos. No sé decirte cómo me alivié. Creo que siempre he visto el lado bueno de las cosas (una venilla surrealista y loca y un gusto por el absurdo que no puedo evitar).
Hacía como tú, lo que creía mejor para mi hambre de saber. Leí sin que me explicasen cosas que no se llegan a comprender bien sin que un maestro te guíe y, sin embargo, aquí me tienes.
Aprendí de Alarcos, de Lapesa, de Alvar, de Menéndez Pidal,... directamente desde sus libros con una satisfacción que no sé explicar.
De todas formas, aún tengo esa sensación de tantas lagunas en mi formación y, sin embargo, aquí me tienes.
A veces me enfado con el gremio, no creas, pero sé cómo son las cosas y que sólo puedes cambiar lo que está en tus manos. Creo que cada cual con sus límites y su espíritu y su salud tiene el deber de hacer de este mundo un lugar mejor. LOs que no lo hacen, no saben lo que se pierden. Es posible que haya quien todavía no ha aprendido a amar esta profesión que es un lujo, "una mision de Dios" (como dirían los Blues Brothers), la única cosa que no ha sucumbido en esta decadente época codiciosa y ridícula que nos ha tocado vivir.
Tú sigue arriesgando con los sonetos, y disfruta de aquellos (no son tan pocos) que están ahí dando su alma en -quizás- las últimas clases magistrales de la Universidad.
Hay un genio en nuestras aulas que por suerte ha decidido no jubilarse todavía: un ser algo extraño y muy exigente que da las clases más interesantes que un alumno pueda recibir. Espero que te lo topes también a él.
Cartaphilus

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Me gusta doblar los libros, subrayarlos, pero sobre todo leerlos. Me gusta mi gata, más que muchas personas. Hacer tartas. Dormir cuando pían los pájaros y estar en vigilia cuando otros duermen. Huyo del gentío. Las cosas complicadas.