Frasario

"Y todo comienzo esconde un hechizo"

José Knecht

15 dic. 2011

Ira y Alpha


                -Estoy harta de ti, de tu libro y de que sea hoy y no estemos festejando la vida como dos personas jóvenes, de que andemos enclaustrados por el mero gusto de pasar las horas postrados esperando a que termines tal o cual. El “espera un momento que se me ocurre algo” y dos horas después la cena, y cinco horas antes “es que quiero escribir algo hoy”, o aquello de “por qué no leemos un rato”. ¡Estoy presa contigo!, ¡Presa de ti!, porque además te quiero. Tanto que estoy cansada. Disfrutar, algo, por piedad. ¿Qué es esto? – ella cogió un folio con una letra horrible garabateada-, otra mierda más al estilo de las anteriores que nadie quiere leer, que no dice nada. ¡Sal a la puta calle a que te de el aire!
                -Ira, ya lo hago. Salgo, bebo de vez en cuando y disfruto cuando puedo con mis amigos.
                -¡Pero no conmigo, joder! ¡Tan listo y gilipollas al mismo tiempo!, perdido entre unas letras vagas, a esta altura, insignificantes.
                -Pero , a ver, cariño, ¿qué quieres que haga , que vayamos de paseo?, ¿al parque?, ¿a tomar algo fuera? Pues dilo, no necesitas ponerte de esta manera, me parece absurda la postura que estás tomando. Mira, me visto y salimos, hoy hace buena noche.
                -¡No quiero! Mierda, no quiero que hagas las cosas por pena, quiero que me quieras, que me quieras como me querías antes, que me des amor, que follemos diez veces al día y no tenga que suplicarte para echar un polvo. ¡Que seas quién conocí!
                -Veras... las cosas han cambiado, y no pasa nada, el amor se apaga pero no se extingue, ésto es simplemente una prueba y yo te sigo amando, tal vez incluso más que al principio, mi amor, pero de diferente manera. Sabes que ahora estoy ocupado intentando “hacer” algo de verdad, y si no te he prestado la suficiente atención, la que requerías, lo siento, de verdad.
                -Estoy harta Alpha, no me entiendes. Alberto me ha dicho que si estoy libre esta noche. Voy a ir con él, es jueves, estamos en una ciudad, voy a salir y a disfrutar, estoy harta de que seas un pusilánime “que no necesita amor para vivir”. Te basta con estrujarte el cerebro con cada pensamiento absurdo que intentas pintar con mala letra en tapices en blanco que nunca dicen nada. Harta, ¿me oyes?, y no sé cuando volveré.
                -Espera...
                -Porque te quiero, pero siento, ¡dios mío!, hace mucho que estoy sintiendo que te amo tanto que estoy desperdiciando la vida a tu lado y me duele Alpha. ¡Me duele! Porque tú no haces nada más que sentarte ahí y adularme desde la lejanía, desde tu posición estoica sin pasión, sin celos ni amor. Me acaricias desde el interior de una escafandra, sin sentir con el pecho “sino intelectualizando los sentimientos”. ¡Eso es una mierda y una porquería de filósofos baratos quiero y no puedo. O me quieres; o quieres a alguien, o no. Y lo peor de todo esto es que me creo cuando me dices que no hay otra, porque te veo tan metido en ese mundo fangoso lleno de neuronas y pensamientos, tan lejos de lo tangible y verdadero, tan jodidamente lejos del amor que sienten las personas que empiezo a preguntarme cómo coño puedes hacer que te quiera tanto. Cómo puedes tener todo lo que quieres y a toda mujer que realmente se te meta entre ceja y ceja para finalmente destrozar su vida. Hoy me voy con Alberto. Ya sé que “no soy celoso”, porque sé que apenas eres un pobre gilipollas y que “tu sangre no es horchata”, sino que “confías en mi”. Joder Alpha, me tienes incondicionalmente ¿Por qué? – la visión de unos ojos iracundos y henchidos en lágrimas eran una extraña puñalada emponzoñada.
                Ella, tan fiera, tan fría y segura, se había ido apagando con los años solo para desplegar ahora un último brillo exangüe. La seguridad que yo bebía a trago largo con cada momento de sexo y escasa conversación se habían esfumado con el apresurado tiempo de una era llena de excesos por ambas partes. Lo que ella definía como amor quería decir en nuestro lenguaje, el de ella y el de alguien parecido a mi, que estaba falta de cariño, de sexo, de un polvo sin compasión, con o sin lubricante; de mordiscos y horas de pie o en la cama follando como animales odiando al prójimo y traspasando la línea del odio hasta amar incondicinalmente al de encima o debajo. Para ella, era aquello entregarse sin reservas, abolir barreras impuestas por un yo cansado de desesperar que anhelaba soledad y saciarse intelectualmente a costa de los placeres mundanos, de aquel ritual excelso de antipatía, justo por necesario para ella.  Y yo, cansado de entregarle un cuerpo demacrado por el paso incesante de la gente que lo pisoteaba con sus hediondos pies, haciendo que los odiase, esta vez incluyéndola a ella, había decidido recluir la pasión en lugares imaginarios para poder disfrutar plenamente y sin personas lo bello. De buena gana le hubiera dado un pequeño momento de placer físico, sin embargo, yo también estaba cansado de aquello; de un cuerpo sin más, de un sexo vacío. Ella me amaba más de lo que yo podría incluso haberme amado a mi mismo, tenía la facilidad de la mujer para yacer a placer sobre los hombres, por el contrario, yo no buscaba ese momento pasajero, yo no la amaba solamente, quería más: el cielo; otorgar cabida a mi mente en el ejercicio pleno del amor; buscaba lo que no podía tener, la utopía e imposible: un amor intelectualmente pleno. Claro que me gustaba andar con ella por la calle, pasear al sol, ir, cuando se enfadaba, detrás, para reconciliarla; sentía un cariño profundo y cálido que llegaba al extremo de serle fiel bajo cualquier circunstancia, ¡Desde la montaña de la concupiscencia yo mismo hubiera preferido suicidarme antes que hacerle daño!, y sin embargo, allí estaba, llorando a dos ríos llenos frente a mi, mirando con odio a quien la aprecia y desdeña. Cariño, ¿qué va a ser culpa tuya?, ¿por qué te martirizas, hastiada del género humano, cuando soy yo quien odia a la sociedad vacua en la que vivimos y no hallo salida y nunca podré ser sincero? Amor sin reservas y entrega, verdadero placer. No podía dárselo, no puedo y contra el paso impertérrito del tiempo, lo unico que se me ocurre es la mentira que alimento a costa de tus sentimientos. El yo del principio, qué momento más culmen de la lujuria y el sexo; cuánto tiempo perdido, ahora que lo pienso, con la carne. No es culpa del hombre ver apagar su deseo irrefrenable hacia la mujer total dadora de dádivas y cuidados cuando es el alma el que enferma a cada instante. Ya sé que no entendía la búsqueda de la soledad, que reafirma, más que como una ofensa al amor.
                -Porque necesito tiempo tranquilo para mi. A ver, cuanto hace que...
                -¡Me da igual lo que haya pasado, me da igual cuánto hace o deja de hacer desde que lo hicimos, ¿una semana “solamente?, ¿es eso? Me mato por ti, para ti y, ¿qué encuentro como respuesta?, silencio, una cara taciturna encerrada entre pantallas de ordenador que son barrotes,  y libros que alimentan mi desconsuelo ¡Alpha!
                -Ira, ¿qué quieres?
                -Nada, me voy con Alberto. Quizá deberías ser celoso por una noche.
                -Así no llegarás adonde quieres, si es que es cierto lo que has dicho antes. No vayas por ese camino; ve con quien quieras, pero no lo intentes, ya sabes que mi falta de celos no es porque no te quiera. “El celoso pasa su vida buscando...
                -...lo que al final causará su desdicha!” Ya me lo sé. ¡Desdicha! ¡A la mierda Alpha! Tú eres aquí el desdichado, intentando pensar el amor. Te da igual que me tire a quien sea. Quieres un jarrón, una postal en la pared, una cara bonita, un pelo en la almohada. ¡A la mierda, en serio! No soy un lienzo en blanco cualquiera dónde puedas pintar tus cuitas.
                -¿Qué te parece si lo hablamos en otro momento Ira? Tenemos invitados y creo que ya hemos llamado suficiente la atención.
                Una habitación y cinco personas con sabor a hipocresía se hacinaban en dos sofás repletos de carne moribunda y drogada. El olor a marihuana descendía sobre cabezas al rojo en forma de un humo espeso y blanco cegando tanto la razón como la visión.
                -Estás fumada, cariño. No deberías beber tanto tampoco. Ven –dijo Alpha tendiendo los brazos hacia Ira.
Miradas de sorpresa e incomodidad observaban desde una lejanía que se contaba en metros y se definía en un:
                -¿Molestamos? Nos podríamos ir en realidad – tres miradas turbadas encontraron alivio en las palabras de sensatez de uno de ellos. Pese a todo, la curiosidad por ver el lance fatídico de aquella noche que comenzó como el cumpleaños de Alpha yacía patente en el brillo en los ojos de los presentes, lleno de una percepción alterada de la realidad sensible.
                -¡No! Quedáos con este capullo impotente que no puede ni follarse bien a su novia, yo ya me voy.
                En el fondo, no os he sido sincero. Disfrutaba con aquello, era el pretexto perfecto para dar rienda suelta a una bestia latente por mucho. A otro yo no hastiado, que también, pero más iracundo y orgulloso, lleno de odio y terrible ser que alimentaba las horas de desespero en soledad,  esperaba el momento propicio para liberarse.
                -Te estás colando, guapa. No quiero discutir, es cosa de dos una discusión. Estábamos tranquilamente aquí y, de repente, te vistes de fiesta, desapareces para volver pintada hasta las orejas y escupir todo lo que llevas rumiando meses ahora. Me da igual que la líes como la estás liando. Pero no quiero enfadarme – y la voz se alzó sola como el sol en la mañana, disfrutando aquel placer oculto del que disfruta con las lágrimas de una mujer enfadada como si de rayos de sol matutino se tratase-. ¡No quieres verme cabreado!
                Gritar, expresarse sinceramente; como ella buscaba el amor, firme como una lanza infinita de un héroe antiguo, saboreaba yo cada momento de aquel alegato in crescendo en tonos. Anhelaba dar rienda suelta a aquel que sabe hacer daño por encima de todas las cosas, de cualquier repercusión, que disfruta con la destrucción y el terror del que mira unos ojos henchidos en rabia y sin miedo a perderlo absolutamente todo.
                -De verdad que nos vamos...lo arregláis y luego si acaso...pero tranquilizáos.
                -¡No! ¡Quietos! Merece lo que le va a ocurrir, ese viaje a la nada. Y tú – dirigiéndose a Ira-. ¿Quieres zumbar a diestro y siniestro, sin mesura ni fundamento, a un tal Alberto que ni conoces?, ¿A un músculo seco, o quizá a cualquier deprimente ser que se te pasee delante de ti lo suficientemente borracho para hacerte un trabajo en la noche oscura de un alma tan vacía como la tuya? ¡Adelante!, el mundo está lleno de Pandoras. Pero esto es solo para locos, mi querida amante del placer efímero y vulgar, perecedero como la juventud que se te escapa en un suspiro de desespero que no sabes cómo llenar por tu ineptitud, tan patente como lo es que este mundo está lleno de indeseables de dos clases: Aquellos que lo son por voluntad propia y a placer, que sacan beneficios o no por decir y hacer lo que hacen pero son felices haciéndolo, y otros, que sin saber ellos por qué, ni cómo, ni dónde, ni cuándo caerán muertos y en las redes de los primeros, se afanan en llevar una vida tan vacía y nimia como la de un insecto ¡Maldita estúpida, te ofrezco el cielo y lo desdeñas! Un mundo que entiendes, al que no miras de soslayo y con miedo; un lugar en el que sabes cuál es tu maldito y puñetero sitio...
                Alpha se había levantado, descalzo y desaliñado, con un mundo parpadeante y lleno de un olor a bosque quemado rodeándole. Ardía el mundo junto con sus sienes zumbantes y el corazón acelerado por la emoción de hacer aquello que mejor se le daba: Hacer daño la gente, despreciarla y odiarla, sin reservas. Aquello no era misoginia, era misantropía dirigida, concentrada durante largos periodos de incubación sin sosiego que ahora le entregaba como testigo a aquellos desesperados espectadores del mal humano. El pecado estaba por llegar. La bestia vestía de ira engalanada y dispuesta a destruir todo aquello que el hombre se empeñaba, estúpido, en construir a lo largo de los años. Dulce ira que se retroalimenta en un fin incierto y explota en el momento en que se forja el principio del final con palabras, ardientes e hirientes instrumentos a la disposición malévola e inquisidora de un hombre con argumentos llenos de ponzoña e ira, Ira.

3 comentarios:

M.Flores dijo...

Has descrito perfectamente, irónicamente y sobre todo dramáticamente a todas las parejas que sobreviven después de cinco o a mucho, diez años. Derrotador relato.
Aunque reconozco que me he perdido a cierta altura del texto y en un par de ocasiones, pero en fin creo haber captado su esencia.
Feliz navidad pero, la verdad, yo borraría estas fechas del calendario. Son tan hipócritas.

Alruin dijo...

Feliz navidad M, aunque te noto, al contrario que en todos tus mensajes anteriores, un poco derrotada, será la navidad, el frío, puede que el sol este que no calienta, que solo alumbra. Depende, depende de a quién te encuentres por ahí las navidades pueden ser hipócritas o sinceras, claro está, la inmensa mayoría será lo primero. Pero la esperanza no se pierde, solo hay que buscar con ahínco. Gracias por leerme, una vez más:)

Contradicciones dijo...

Bravo. La exasperación de Ira es adorable. Yo también me he perdido un poco, pero será cosa de releerlo.
Me ha gustado mucho, sobre todo, la idea de la búsqueda de un amor intelectualmente pleno que concibe Alpha.

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